Entrepatios regresa: ¿Cómo crear en comunidad tu casa?

Después de un tiempo en barbecho, estudiando nuevas posibilidades para hacer realidad Entrepatios, ya somos Cooperativa reconocida por la Comunidad de Madrid (en derecho de uso, todo un logro), tenemos otro solar en el que estamos trabajando y volvemos a visibilizar nuestra propuesta en los medios.

Nos han entrevistado en eldiario.es. Aquí tienes el enlace al artículo: ¿Cómo crear en comunidad tu casa?
Entrepatios
Queremos mostrarte en qué consiste el proyecto con la siguiente presentación de diapositivas que puedes pasar usando las flechas laterales:

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Las reglas de mi patio, que no es particular

Queremos una casa en la que quepan muchas casas …

Así expresábamos nuestro sueño hace ya más de un año, y hoy releyéndolo lo seguimos sintiendo vivo, evolucionando. Éramos 20 “familias” las que lo iniciamos, hace no uno, sino tres años. No lo hicimos solos, compartíamos con otras cooperativas los principios, los del comienzo, se entiende, pero también los del final que soñamos: vivir hoy en nuestra casa un trocito del futuro que imaginamos. De 20 a 6 cambiamos y luego de nuevo a 20 evolucionamos, distintas 20 de las que lo iniciaron, pero que por el mismo sueño se juntaron.

Y hace ahora un año que aterrizamos este sueño en un solar (de 20 a 6, de 6 a 10 familias) y empezamos a negociar nuestro sueño con la realidad, la de los números, la del concepto clásico de propiedad, la de los propietarios de dicho solar, y cuando se trata de negociar otra realidad con las realidades por las leyes del mercado dibujadas, se trata de negociar los ritmos en los que creemos con los ritmos en los que vivimos aunque no nos los creamos. Y como de hacer visibles nuestros ritmos y nuestras formas se trataba (no solo para nuestra casa, sino para otras casas en las que también quepan muchas casas) abrimos esta primera ventana en nuestra virtual fachada a través de este blog, y tendimos nuestra propuesta al sol de los que se asomaban, voceamos nuestro sueño a quienes al otro lado del patio escuchaban, señalamos el solar en el que todo esto se plasmaba.

La realidad, la de fuera, que no la soñada, nos marcó plazos y nos lo puso difícil pero de 10 pasamos a más de 50, sí 50, aunque no, no todas vecinas, pero sí todas interesadas, sí todas con ideas que nutren el sueño de las 20 que aún avanzan. Y con 20, con un proyecto que se transformó en dos (una casa en la que quepan muchas casas y un espacio de trabajo en el que quepan muchos trabajos), todo parecía más cerca. Y en este engordar y adelgazar nos topamos con una casa, no la nuestra, la de otros; con un sueño, no el nuestro, el de otros, que aunque lo intentamos resultó que no era una de esas “muchas casas” que queríamos cupiesen en la nuestra. No nos pareció un problema (queríamos muchas, no todas, que no todas tienen por qué querer participar), nos entendíamos, habíamos compartido espacios donde la realidad del mercado manda, la de un mercado más humano, digo, no la del dictado por el capital. Y desde esta perspectiva más humana, desde una mirada más social, el respeto es el que prima y “ustedes llegaron antes” nos dijeron, “negocien y nos contamos”. Y así nos contábamos, nos pasábamos información, comentábamos los plazos que la realidad del propietario del solar, que no del sueño, nos marcaba (qué de realidades se cruzan en este sueño y todas confluyendo en un mismo solar).

Después de tanto tiempo, esfuerzo, dedicación, después de infinitas asambleas, de largas construcciones  colectivas, de notarnos todos cerca aun cuando todo parecía lejos, resultó que llegamos a la última semana. La realidad del propietario del solar, la de nuestro sueño, el de las 20 que fueron hace tres años y que son después de ser 6, 10 y 50,  ya se entendían. Faltaban solo los flecos de los plazos en los que hacer que el difícil proceso de conciliar realidades se concretase (ya no hablamos de cantidades, sino del cuándo hacer efectivas dichas cantidades). Y date tú, que si ya teníamos muchas realidades que conciliar, resultó que cambió la de la otra casa, aquella que decidió que no cabía en nuestra casa (por no pensar de forma tan compartida, tan de uso, porque se pensaban en un modelo clásico de propiedad, por no tener una línea tan ecosocial). Dejó de ser la realidad del mercado, el más humano, el de la mirada más social, para ser la del otro mercado, el del capital. “No tenéis nada firmado, no podemos esperar más. Son las reglas del juego, tenemos derecho a ofertar”. “Ya lo hemos acordado, estamos a punto de firmar, si entráis le hacemos el juego al mercado (se entiende que no al más humano) y no querrán firmar sin hacérnoslo pagar”. “No entendemos por qué no nos entendéis, son las reglas del juego y tenemos derecho a jugar. Vamos a ir a por ese solar”. No se trata de lo que entendamos sino de lo que queremos. Queremos una casa en la que quepan muchas casas… pero no todas las casas; queremos una casa en cuyo patio se pueda jugar, pero con las reglas del mercado, no el de la otra casa, sino las de un mercado más humano, de mirada más social.

Y porque queremos, podemos. Podemos perder un solar, pero ahora somos 20, 50 y puede que más reafirmando el valor de una trayectoria, que si bien no nos dio derecho sobre este lugar, sí que derecho nos conduce en la búsqueda de otro solar. Un espacio en el que quepa nuestro patio y nuestras ganas de soñar.

Queremos una casa en la que quepan muchas casas

Una casa que se viva desde la azotea hasta el sótano sin dejarse un solo peldaño, no, no, no “que se viva”, que VIVAMOS desde la puerta de la calle y más allá hasta el último rincón del baño…

dibujo 2

Una casa que vivamos todos juntos aunque no por ello del todo mezclados, cada mochuelo a su olivo y los polluelos… en los de todos… de puerta en puerta circulando, siempre llamando, pero sin cerraduras que les detengan, salvo en determinados momentos contados.

Una casa sin fronteras, pero sí con espacios que alternan de lo público a lo privado. Lo privado, muchas veces compartido, y lo público seguro que siempre cogestionado, sin congestionarse, que para eso están los vecinos, para hablarse sin tener que enfermarse.

Queremos una casa con sus tendales, sus verduras ecológicas, su intercambio de tappers, y  también con sus proyectos sociales, que pueden ser para otras casas en las que quepan muchas casas, o para dar vida a nuestros compartidos locales.

Queremos una casa en un entorno urbano, no lejos del centro, pero ojo con el tránsito y… los malos humos.

Queremos una casa que sea nuestra, pero no de nosotros, sino de todos los vecinos, los que están y los que vendrán, que incorpore incluso padrinos haciendo de mecenas.

Una casa luminosa, con la tierra, la huerta o el parque en la azotea y el cielo en cada uno de sus habitáculos, con las estrellas repartidas por todos los peldaños.

Queremos una casa con la que crecer, envejecer, y después, que otros la hagan rejuvenecer evolucionando partiendo de la misma idea.